"Más aquí. Polesello 1970-2000", en el Centro Cultural Borges, recupera a Rogelio Polesello como figura clave del arte óptico y cinético latinoamericano. La muestra permite volver sobre un punto que a veces se simplifica: el arte de la percepción no fue un juego decorativo, sino una investigación rigurosa sobre cómo una imagen modifica el cuerpo que la mira.
Polesello trabajó con lentes, tramas, color, repetición y distorsión cuando la cultura visual todavía no estaba gobernada por pantallas personales. Esa distancia histórica lo vuelve más actual, no menos. Antes de que habláramos todo el tiempo de interfaces, filtros y efectos, su obra ya examinaba la fragilidad de la visión.
El arte óptico incomoda una idea ingenua de mirada. No vemos simplemente lo que está ahí. Vemos a través de condiciones: luz, distancia, movimiento, hábito, memoria, dispositivo. La obra de Polesello hace visible esa mediación. Obliga al espectador a aceptar que la percepción no es un canal neutro, sino una construcción física y cultural.
Que la exposición se concentre en tres décadas, de 1970 a 2000, también permite revisar persistencias. No se trata solo de un episodio asociado a una moda cinética, sino de una investigación extendida. Polesello desarrolló un lenguaje capaz de atravesar diseño, pintura, objeto, ambiente e industria visual sin perder precisión formal.
En el presente, donde casi toda imagen llega editada por software, publicidad o algoritmo, volver a Polesello ayuda a recordar que la tecnología de la visión no empezó con lo digital. La pantalla cambió la escala del problema, pero no lo inventó.
El Borges funciona como marco adecuado porque su programación reciente insiste en abrir varias puertas de entrada al arte contemporáneo. Polesello permite conectar historia del arte, diseño gráfico, cultura visual y experiencia corporal. No hace falta elegir entre museo y calle, entre obra autónoma e imagen aplicada: su producción cruzó esas fronteras con naturalidad.
Hay, además, una dimensión pedagógica potente. Una obra óptica enseña sin explicar. El visitante aprende con el cuerpo que una variación mínima de ángulo o distancia modifica la imagen. Esa lección es más rigurosa que muchas definiciones abstractas sobre percepción. Polesello convierte mirar en experimento.
Imagen: apertura de artes visuales en el Centro Cultural Borges, Secretaría de Cultura.
Fuente original: Secretaría de Cultura