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480 directores eligieron una película que todavía agranda el cine

Espectador anónimo en una cinemateca frente a una pantalla iluminada, con proyector y latas de película
Recreación editorial generada con IA: una proyección de archivo representa las películas que forman la mirada de otros cineastas.Crédito: Recreación editorial generada con IA
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Movies that changed how directors see the world, en español, puede entenderse como “películas que cambiaron la mirada de los directores”. La evidencia colectiva más amplia para responder esa idea es la encuesta que la revista británica Sight and Sound, editada por el British Film Institute, realizó en 2022: 480 cineastas de distintos países eligieron diez obras cada uno según su importancia histórica, su logro estético o su impacto personal. El resultado no prueba una influencia directa en cada votante, pero sí muestra qué películas siguen funcionando como herramientas para pensar el oficio.

El primer puesto fue para 2001: A Space Odyssey, de Stanley Kubrick, estrenada en 1968. Detrás quedaron Citizen Kane (Orson Welles, 1941) y The Godfather (Francis Ford Coppola, 1972). El cuarto lugar se dividió entre Jeanne Dielman, 23 quai du Commerce, 1080 Bruxelles (Chantal Akerman, 1975) y Tokyo Story (Yasujirō Ozu, 1953). El dato fuerte no es que exista un ganador: es que casi medio millar de personas dedicadas a dirigir puso una película sin una estructura narrativa convencional por encima de dos pilares clásicos del relato estadounidense.

Movies that changed how directors see the world, en español: qué mide la lista

Sight and Sound empezó su encuesta de críticos en 1952 y sumó una votación separada de directores en 1992. Se realiza una vez por década. La edición de 2022 reunió a cineastas como Martin Scorsese, Sofia Coppola, Bong Joon Ho, Barry Jenkins, Lynne Ramsay y Mike Leigh. Cada lista individual admite diez títulos y deja que “la mejor” signifique influencia, innovación formal o experiencia decisiva.

Ese método evita fingir una unidad que no existe. Un director de animación, una documentalista y un realizador de ficción pueden votar la misma obra por razones incompatibles. El ranking final registra una recurrencia: películas a las que los cineastas vuelven cuando necesitan medir espacio, duración, montaje, actuación o punto de vista.

La selección también expone cambios de canon. En 2012, la encuesta de directores había colocado primera a Tokyo Story. Diez años después subió 2001. En el sondeo paralelo de críticos, Jeanne Dielman saltó del puesto 36 en 2012 al primero en 2022, desplazando una tradición de 50 años encabezada por Citizen Kane y, luego, por Vertigo.

2001 convirtió el espacio en una cuestión de escala y tiempo

Kubrick estrenó 2001 un año antes del alunizaje del Apollo 11. La película recorre desde homínidos que descubren una herramienta hasta una misión a Júpiter gobernada por la computadora HAL 9000. Su corte más célebre une un hueso lanzado al aire con una nave espacial y comprime milenios de evolución en un solo empalme visual.

El BFI registra 141 minutos de duración y ubica la película primera entre directores, pero sexta entre críticos. Esa distancia sugiere una lectura: quienes filman valoran especialmente un objeto que resuelve problemas de puesta en escena. El vacío tiene peso, las naves se mueven sin las convenciones del combate aéreo y la música de Johann Strauss organiza el movimiento antes que el diálogo.

La película también muestra cuánto puede narrar una imagen sin explicar su significado. Esa idea atraviesa las declaraciones de Kubrick sobre cine y lenguaje visual: para él, la experiencia cinematográfica debía alcanzar zonas que una formulación verbal volvería más pobres. Que 2001 conserve el primer lugar 54 años después de su estreno indica que la lección técnica sobrevivió al asombro de los efectos.

Jeanne Dielman y Tokyo Story agrandaron lo doméstico

Chantal Akerman tenía 25 años cuando filmó Jeanne Dielman en 1975. Durante tres días, la película observa la rutina de una viuda interpretada por Delphine Seyrig: cocinar, limpiar, recibir a su hijo y trabajar dentro de un departamento de Bruselas. La duración, la repetición y el encuadre frontal convierten tareas domésticas relegadas por el cine en la estructura central de una obra de 201 minutos.

Su ascenso no reemplazó espectáculo por modestia. Cambió qué acciones podían reclamar atención monumental. Laura Mulvey señaló para el BFI que la perspectiva femenina estaba incorporada en la forma misma de la película, no agregada como un tema exterior.

Tokyo Story opera con otra austeridad. Ozu cuenta la visita de una pareja anciana a sus hijos adultos en el Japón de posguerra. El BFI consigna 135 minutos y describe su cámara baja, situada a la altura de un observador sentado. Los cortes no buscan acelerar el drama: dejan habitaciones vacías, pasillos y paisajes dentro del ritmo familiar. El cuarto puesto compartido une así dos maneras de mirar una casa hasta descubrir una estructura social completa.

8½, Mirror y Persona hicieron visible la mente del cineasta

El sexto lugar se repartió entre Vertigo (Alfred Hitchcock, 1958) y (Federico Fellini, 1963). En el noveno empataron Mirror (Andréi Tarkovski, 1975), In the Mood for Love (Wong Kar Wai, 2000), Persona (Ingmar Bergman, 1966) y Close-Up (Abbas Kiarostami, 1989).

Ese grupo rompe la idea de que un director aprende únicamente de relatos transparentes. convierte un bloqueo creativo en materia narrativa. Persona interrumpe la ilusión y muestra el dispositivo fílmico. Mirror organiza recuerdos, sueños y documentos sin someterlos a una cronología explicativa. La nota sobre por qué Tarkovski sostenía sus planos durante minutos desarrolla el principio que vuelve inseparables duración y pensamiento.

Close-Up, por su parte, reconstruye con los protagonistas reales el caso de un hombre que se hizo pasar por el director Mohsen Makhmalbaf. La película pregunta dónde termina el documento y empieza la representación. Para quien dirige, esa frontera no es una discusión académica: determina qué puede pedirle a una persona frente a cámara y qué responsabilidad asume al montar su historia.

El canon más útil funciona como una caja de herramientas

La lista de 2022 no ordena las únicas películas que merecen verse. Sus ausencias y jerarquías seguirán siendo discutibles, como ocurre con cualquier canon. Su valor documental está en otro lugar: 480 directores coincidieron en que el cine crece cuando cambia su unidad de medida.

2001 amplió la escala física y temporal; Jeanne Dielman volvió monumental una rutina doméstica; Tokyo Story hizo de la quietud una forma de tensión; , Persona y Mirror transformaron memoria, crisis e identidad en estructura. Son películas que enseñan sin parecer manuales. La influencia no consiste en copiar un plano: consiste en descubrir que el problema podía filmarse de otra manera.

Imagen: Recreación editorial generada con IA de una proyección en una cinemateca; archivo original local en `assets/images/20260804-peliculas-directores-portada.png`.

Fuentes

BFI — Resultados de la encuesta Sight and Sound 2022

BFI — 2001: A Space Odyssey

BFI — Tokyo Story

BFI — Historia y alcance de la encuesta Greatest Films of All Time

Fuente: BFI / Sight and Sound

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