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Roberto Rossellini filmó Roma, ciudad abierta mientras los nazis todavía ocupaban Roma

Roberto Rossellini filmó Roma, ciudad abierta mientras los nazis todavía ocupaban Roma
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Roma, città apertaRoma, ciudad abierta— se rodó en parte durante la ocupación nazi de la ciudad, entre el otoño de 1944 y la primavera de 1945. Roberto Rossellini filmaba con lo que conseguía: rollos de película comprados en el mercado negro, actores no profesionales reclutados en el barrio, escenarios que no eran escenarios sino calles reales con sus escombros reales. Los tanques alemanes aún estaban en la ciudad cuando se filmaron algunas escenas. La película se estrenó en septiembre de 1945. Cuatro meses antes habían capitulado los nazis.

Con ese gesto urgente y sin recursos nació el neorrealismo italiano: el movimiento que cambió el cine moderno más profundamente que cualquier reforma técnica.

Las condiciones materiales que inventaron un estilo

El neorrealismo no fue una decisión estética. Fue una respuesta a la destrucción. Los estudios de Cinecittà, que el régimen fascista había construido en los años treinta para producir cine de propaganda, habían sido parcialmente bombardeados y luego convertidos en campo de refugiados. No había equipos, no había platós, no había presupuesto. Los directores que querían filmar tenían que hacerlo en la calle.

La escasez generó un estilo. La cámara salió del estudio y entró en los barrios obreros de Roma, Nápoles y Sicilia. Los actores profesionales se mezclaron con vecinos que hacían de sí mismos. La iluminación natural reemplazó a los focos artificiales. El resultado tenía una textura que el cine de estudio nunca había logrado: la incomodidad, el polvo, la ropa gastada, las caras sin maquillar de personas que en muchos casos habían vivido los eventos que se estaban filmando.

Las películas que definen el movimiento

Entre 1945 y 1952, un puñado de directores produjo las obras centrales del movimiento:

Roberto Rossellini fue el primero y el más urgente. Roma, città aperta (1945) y Paisà (1946) documentaron la resistencia italiana con un realismo que dejó a los críticos sin vocabulario previo. La poeta y teórica Susan Sontag escribió décadas después que Paisà era la obra maestra del cine de guerra, precisamente porque no estaba diseñada para serlo.

Vittorio De Sica llevó el neorrealismo a su expresión más depurada. Sciuscià (1946), sobre niños lustradores de zapatos que terminan en una institución correccional, ganó el primer Oscar honorario concedido a una película extranjera. Dos años después, Ladri di biciclette (1948) —protagonizada exclusivamente por actores no profesionales— se convirtió en la película de referencia del movimiento: un padre y su hijo buscan durante un día la bicicleta sin la que el primero no puede trabajar. No hay villanos. No hay resolución satisfactoria. Solo el peso del sistema.

Luchino Visconti aportó el polo más estilizado: La terra trema (1948) siguió a una familia de pescadores sicilianos con actores locales que hablaban en dialecto, a veces ininteligible incluso para el público italiano. El resultado era al mismo tiempo documental y tragedia griega.

Giuseppe De Santis, con Riso amaro (1949), mezcló el neorrealismo con el melodrama popular y creó un éxito de taquilla inesperado: obreras del arroz en el Valle del Po, explotación laboral y Silvana Mangano. La película fue un escándalo de buenas costumbres y un fenómeno de taquilla. Mostró que el neorrealismo podía ser también entretenimiento masivo.

Por qué terminó y qué dejó

El movimiento tuvo una vida corta pero su influencia fue larga. Para mediados de los cincuenta, el milagro económico italiano había comenzado, Cinecittà se había reconstruido, y el cine volvió a tener presupuesto. El neorrealismo se disolvió no por agotamiento artístico sino porque las condiciones materiales que lo habían creado habían cambiado.

Pero su legado reconfiguró el cine mundial. La nouvelle vague francesa, que explotó en 1959 con Les quatre cents coups de François Truffaut y À bout de souffle de Jean-Luc Godard, fue directamente deudora del neorrealismo: la cámara en mano, la locación real, el rechazo a la narrativa hollywoodense. El Free Cinema británico, el Cinema Novo brasileño, el cine de John Cassavetes en los Estados Unidos: todos reconocieron la deuda.

Andrei Tarkovsky, que filmó algunas de las películas más lentas e interiores de la historia del cine, citó al neorrealismo como una de sus referencias fundacionales. [La extraordinaria lentitud del cine de Tarkovsky](/noticias/por-que-el-cine-de-tarkovsky-es-tan-lento) tiene raíces directas en esa idea neorrealista de que el tiempo real —el tiempo del trabajo, la espera, el hambre— es material cinematográfico.

El otro legado es conceptual: el neorrealismo estableció que el cine podía ser testigo. Que una cámara y una historia podían hacer lo que el periodismo no alcanzaba. Que la pantalla era también un archivo.

Roma, città aperta se estrenó en 1945. Rossellini tenía 39 años. No sabía, o quizás sí, que estaba filmando historia mientras la historia todavía pasaba.


Imagen: Ilustración editorial de Un Mundo Loco inspirada en la estética visual del neorrealismo italiano: calles de posguerra, siluetas obreras, lluvia, grano cinematográfico.

Fuente original: Britannica — Italian Neorealism

Fuente: Criterion Collection / BFI / Encyclopedia Britannica

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