Cuando Akira Kurosawa empezó a desarrollar Ran en 1975, tenía 65 años, casi no conseguía financiación y la vista central se le estaba deteriorando. No podía depender de los monitores de cámara ni de los rushes proyectados al final del día. Así que pintó. Pasó diez años ejecutando más de trescientas acuarelas a mano, plano por plano, en las que detallaba encuadres, posiciones de luz, distribución de masas y colores exactos de vestuario. Cuando Ran se estrenó en 1985, Kurosawa tenía 75 años y la película era su obra más ambiciosa: más de 1.400 extras en uniformes históricos confeccionados a mano, castillos reales incendiados en directo durante el rodaje y una batalla final filmada en las faldas del monte Fuji que requirió cuatro años de negociaciones con el gobierno japonés.
No pintó esas acuarelas como ejercicio de storyboard. Las pintó porque entendía que, si no podía verlas con claridad en pantalla, al menos podía controlar lo que debía verse.
Treinta películas, un solo método
Kurosawa nació el 23 de marzo de 1910 en Shinagawa, Tokio, el hijo menor de un oficial de educación física del ejército imperial. Su hermano mayor, Heigo, lo introdujo al cine en los años veinte como benshi —narrador en vivo de películas mudas—. Cuando Heigo se suicidó en 1933, Akira tenía 23 años y no volvió a hablar públicamente de ese tema por décadas.
Dirigió su primer largometraje en 1943: Sanshiro Sugata, una película sobre judo que la censura militar japonesa cortó en varios puntos antes del estreno. Desde ese debut hasta Madadayo en 1993, realizó 30 películas en 57 años de carrera. Pero los números esconden el dato más revelador: entre 1965 y 1975 hizo solo tres películas, dos de ellas coproduciones con estudios extranjeros porque ningún productor japonés quería financiarlo. La televisión le parecía degradante. Los estudios lo consideraban demasiado caro y demasiado lento.
El 22 de diciembre de 1971, Kurosawa se cortó con una navaja en Tokio. Sobrevivió.
Lo que escribió sobre el trabajo
Kurosawa redactó su autobiografía en 1981. Publicada en japonés como Gama no abura y traducida al inglés por Vintage Books en 1982 como Something Like an Autobiography, el libro es uno de los pocos documentos directos sobre su método y su forma de pensar el oficio.
"En los últimos cuarenta años he aprendido una sola cosa: que el trabajo siempre me enseña más de lo que yo le enseño al trabajo", escribió. Y en otro pasaje: "El artista que no sufre sus propias limitaciones no está mirando con honestidad."
Sobre la escritura de guiones —que hacía a mano, en varias versiones, con distintos colores de tinta según el personaje— dejó anotado: "Un guión que no puedo copiar en limpio yo mismo no está listo para filmarse." Al terminar cada versión, lo reescribía de principio a fin sin consultar el borrador anterior.
Sobre Seven Samurai (1954), que llevó 148 días de rodaje con un presupuesto que triplicó el original y estuvo a punto de cancelarse por órdenes del estudio Toho: "El problema no era el tiempo ni el dinero. Era que yo no sabía cómo terminarla sin traicionarla."
El rigor en el set de los siete samuráis
Los actores que interpretaban a los campesinos debían ensuciarse durante semanas antes del rodaje, durmiendo con la ropa del personaje para que el desgaste fuera auténtico. Los samuráis, en cambio, tenían prohibido mezclarse con ellos fuera del set, para preservar la distancia social que la historia requería.
Toshiro Mifune entró al universo de Kurosawa en 1948, durante una audición masiva en el estudio Toho. Mifune llegó tan nervioso que improvisó una escena fuera de control, moviéndose de manera errática alrededor del espacio. Kurosawa lo fichó de inmediato: esa descomposición era exactamente lo que buscaba. Trabajaron juntos en dieciséis películas durante dieciocho años.
La vuelta a los setenta y el respaldo de Hollywood
En 1980, Kagemusha se financió en parte con 1,5 millones de dólares aportados por 20th Century Fox, gracias a la presión de George Lucas y Francis Ford Coppola —admiradores declarados de Kurosawa desde sus tiempos de estudiantes en Estados Unidos—, quienes negociaron directamente con el estudio. Kurosawa tenía 70 años. La película ganó la Palma de Oro en Cannes ese mismo año.
Cinco años después, Ran ganó el Oscar al mejor diseño de vestuario. Emi Wada había confeccionado miles de trajes basándose directamente en las acuarelas originales de Kurosawa. Él no asistió a la ceremonia de premiación.
Un maestro que no dejó de trabajar
Su última película, Madadayo (1993), retrata a un viejo maestro que cada año celebra con sus alumnos una ceremonia llamada así: "todavía no", en respuesta a la pregunta de si está listo para morir. Kurosawa falleció el 6 de septiembre de 1998 en Tokio, a los 88 años.
En una de sus últimas entrevistas documentadas, le preguntaron si había algo que lamentara no haber filmado. "Muchas cosas", respondió. "Pero si me hubiera apurado para filmarlo todo, no habría filmado nada bien."
Andrei Tarkovsky, que admiraba a Kurosawa y compartía su obsesión por el tiempo en el plano, llegó a conclusiones similares desde otra tradición: para él, el cine era literalmente una forma de esculpir el tiempo. Y antes que ambos, en otro medio y otro idioma, Charles Bukowski dejó anotada una versión más brutal del mismo principio en una carta a su editor en 1986: el trabajo no se negocia con el ánimo del día.
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Imagen: Akira Kurosawa en el rodaje de Los siete samuráis, 1953. Fotografía de archivo. Fuente: Wikimedia Commons (dominio público).
¿Por qué Kurosawa pintaba todos sus planos antes de filmar?
Porque consideraba que el guión no era un texto sino un plano de trabajo visual. Para Ran (1985), pintó más de 300 acuarelas de cada escena antes de encender una cámara. Eso le permitía resolver composición, color, movimiento y emoción antes de involucrar al equipo técnico. No era perfeccionismo estético: era planificación. Su argumento era que la cámara no podía improvisar lo que la mente no había resuelto antes.
¿Cuál es la película más importante de Kurosawa para empezar?
Los siete samuráis (1954) es la más recomendada como punto de entrada: tiene estructura narrativa clara, tensión sostenida y demuestra por qué Coppola, Lucas y Spielberg lo consideran el director más influyente del siglo XX. Rashomon (1950) es más breve y plantea una pregunta filosófica sobre la verdad que no tiene respuesta. Ran (1985) es la más visual. Ikiru (1952) es la más humana y posiblemente la más difícil de olvidar.
¿Qué decía Kurosawa sobre el trabajo creativo?
Que no se negocia con el ánimo del día. "Si no puedo hacer un gran filme, no quiero hacer ninguno" —y lo cumplió: cada proyecto suyo tomó años de preparación. Sobre el fracaso, dijo que un director que no ha fracasado no ha intentado nada difícil. Sobre el aprendizaje: que los grandes cineastas no tienen secretos — sus películas están disponibles para verlas. La única diferencia entre quien aprende y quien no es la cantidad de veces que se sientan a verlas.
Fuente original: Something Like an Autobiography — Akira Kurosawa (Vintage Books, 1982)