Una muestra de cuero puede sonar, de entrada, a tradición fija: campo, sogas, monturas, cuchillos, botas. Pero "Argentina, donde el paisaje se vuelve cuero", la nueva exposición del Mercado de Artesanías Argentinas en el Palacio Libertad, apunta a algo más amplio. No presenta al cuero como postal criolla congelada, sino como una materia que todavía organiza oficios, mercados, diseño, identidad regional y circulación cultural.
La exhibición podrá visitarse del 22 de abril al 2 de agosto de 2026 en las salas 9 y 10 del Palacio Libertad. Reúne 90 obras creadas por 45 artesanos, con curaduría de Segundo Deferrari, artesano, investigador y gestor cultural de San Antonio de Areco. El recorrido incluye soguería, talabartería, marroquinería e indumentaria, con piezas que van desde sillas materas, boleadoras, cinchas, petacas, rebenques y botas de potro hasta carteras, pulseras, yerberas y colaboraciones de diseño contemporáneo.
La materia también cuenta
La fuerza de la muestra está en mirar el cuero como archivo. Cada pieza concentra decisiones técnicas: corte, trenzado, costura, tensión, uso, desgaste, herencia. No es solo un objeto terminado. Es una cadena de saberes que pasa por manos, regiones y economías concretas.
Según la información del Registro Argentino de Mercados Artesanales citada por Cultura, el cuero está presente en el 90% de los mercados y espacios artesanales. Ese dato explica por qué la exposición no se limita a un estilo. Participan espacios y mercados de La Pampa, Chubut, Entre Ríos, San Juan, La Rioja, Río Negro, Salta y Catamarca, además del Mercado de Artesanías Argentinas.
Entre lo útil y lo bello
Hay una tensión interesante en las artesanías de cuero: muchas nacieron para cumplir una función, pero con el tiempo también se volvieron piezas de contemplación. Una cincha no deja de ser herramienta, una silla matera puede seguir siendo usada, un rebenque tiene historia práctica. Pero en una sala de exposición esos objetos muestran otra capa: la inteligencia formal de quienes los hicieron.
La muestra también permite discutir una frontera que suele estar mal trazada: la que separa arte, artesanía y diseño. En el cuero argentino esas categorías se mezclan. Una pieza puede ser utilitaria, bella, vendible, heredada, experimental y regional al mismo tiempo.
Por eso el título funciona. El paisaje no se vuelve cuero solo por sus animales o por la tradición rural. Se vuelve cuero porque una red de artesanos traduce territorios en objetos. Y esos objetos, cuando se los mira con atención, cuentan una Argentina material, trabajada a mano, mucho más compleja que cualquier souvenir.
También hay un costado económico que no conviene borrar. La artesanía no vive únicamente en el museo ni en la celebración patrimonial: vive cuando circula, se compra, se encarga, se usa y sostiene talleres familiares o comunitarios. Que las piezas estén a la venta dentro de la muestra vuelve visible esa dimensión. El objeto no queda separado de la vida que lo produce.
En ese punto, la exposición puede ser leída como una defensa del detalle. Frente a una cultura de productos idénticos, el cuero trabajado a mano conserva marcas, variaciones y soluciones heredadas. Cada pieza tiene una relación concreta con el tiempo: el de aprendizaje, el de producción y el de uso. Esa lentitud también es parte de su valor artístico.
Fuente original: Argentina.gob.ar