El Borges abre nueve muestras y arma un laboratorio de arte contemporáneo

El Borges abre nueve muestras y arma un laboratorio de arte contemporáneo

El Centro Cultural Borges empezó su temporada 2026 de artes visuales con una apuesta grande: nueve exhibiciones simultáneas. El conjunto incluye instalaciones, performance, arte textil, experiencias inmersivas, escultura, pintura y fotografía. Más que una grilla, la apertura funciona como una declaración de método: el arte contemporáneo argentino no entra en una sola sala ni en un solo lenguaje.

La programación fue inaugurada en marzo y puede visitarse en el edificio de Viamonte 525, de miércoles a domingo, de 14 a 21, con entrada libre y gratuita. La Secretaría de Cultura presentó el ciclo como una escena de diálogo entre artistas de distintas generaciones, con obras que trabajan sobre el tiempo, la transformación, la fragilidad, la despedida, el espacio y la percepción.

Muchas formas de mirar lo inestable

Entre las muestras aparece "Mil pedazos", de Eugenia Calvo, donde una arquitectura en transición se desarma y vuelve a componerse a través de cuerpos, restos y figuras geométricas. La imagen del colapso no queda como ruina final: se vuelve una forma de reorganización, una pregunta sobre cómo se sostiene algo cuando ya perdió su forma anterior.

También está "Difícil decir adiós", una exhibición colectiva que aborda procesos de pérdida, vacío y transformación. En vez de contar una historia cerrada, arma un recorrido de silencios, pausas y distancias. Esa elección es clave: no todo en una muestra tiene que gritar una idea. A veces la obra trabaja mejor cuando obliga al visitante a bajar la velocidad.

Color, materia y tiempo

El Borges también presenta "Luz Constructiva", de Gonzalo Maciel, una intervención que investiga el color como luz, pigmento y filtro. En "Platina", de Pablo Insaurralde, la cerámica dialoga con vidrio, roce, movimiento y sonido. Y en "El tiempo entre las manos", otra exposición colectiva, el hacer textil aparece como una forma de atención prolongada frente a un mundo que pide respuesta inmediata.

El programa incluye además un espacio para artistas menores de treinta años, bajo el nombre "Estadio inicial", y una muestra de Esteban Pastorino centrada en distintas formas de representar el espacio-tiempo con fotografía.

La fortaleza del conjunto está en no reducir lo contemporáneo a un estilo reconocible. Hay piezas silenciosas, inmersivas, táctiles, fotográficas, textiles y espaciales. El Borges arma así un pequeño mapa de preocupaciones actuales: cómo se transforma un cuerpo, qué queda después de una despedida, cómo se mira el tiempo, qué hace una imagen cuando ya no quiere ser solo imagen.

Ese mapa también ayuda a ordenar una escena que muchas veces se percibe dispersa. Las artes visuales argentinas de hoy no se explican únicamente por nombres consagrados ni por jóvenes promesas; aparecen en cruces de técnica, institución, ensayo y ocupación del espacio. Que nueve muestras convivan a la vez permite comparar intensidades: una obra puede trabajar desde el silencio, otra desde el color, otra desde el sonido o el textil.

La visita, entonces, no se agota en elegir una sala. Funciona mejor si se la entiende como recorrido de contrastes. Lo que cambia de una muestra a otra no es solo el tema, sino la forma de pedirle atención al cuerpo del visitante.

Fuente original: Argentina.gob.ar

Fuente: Argentina.gob.ar