El Museo Nacional de Bellas Artes inauguro Itinerarios artisticos entre la Argentina y Espana (1880-1930), una muestra con mas de 60 pinturas y documentos que reconstruyen los viajes formativos y exploratorios de artistas argentinos por la peninsula iberica. La exposicion puede visitarse hasta el 2 de agosto y propone mirar un tramo muy preciso de la historia cultural: el momento en que la pintura argentina buscaba su voz mirando hacia afuera y, de rebote, volviendo a mirar el propio pais.
La historia es mas rara de lo que parece. A fines del siglo XIX y comienzos del XX, muchos artistas de la Generacion del 80 miraban a Francia e Italia como destinos prestigiosos. Pero otros eligieron Madrid, Granada, Vigo, Sevilla, Barcelona, Toledo o Mallorca. Alli entraron en contacto con maestros, museos, paisajes y lenguajes que modificaron su forma de pintar. La muestra menciona nombres como Emilio Caraffa, Alfredo Gramajo Gutierrez, Severo Rodriguez Etchart, Jose Antonio Terry, Francisco Vidal, Rodolfo Franco, Gregorio Lopez Naguil, Tito Cittadini, Leonie Matthis y Francisco Bernareggi.
En Un Mundo Loco, lo interesante es que la identidad nacional aparece como un viaje de ida y vuelta. No se forma encerrandose en una habitacion, sino cruzando miradas. Muchos artistas argentinos fueron a Espana buscando escuela, tecnica, legitimidad o imaginario. Pero al volver, empezaron a pintar la Pampa, el norte, los personajes locales y los paisajes propios con otros ojos.
La nota oficial destaca que casi todos los artistas argentinos que llegaban a Espana pasaban por el Museo del Prado para aprender como copistas de maestros como Murillo, Velazquez o Zurbaran. Esa escena tiene algo hermoso: antes de inventar lo propio, habia que copiar con humildad. Aprender mirando una pincelada ajena, entender la luz, la composicion, el dramatismo. Despues, esa tecnica viajaba de regreso y se mezclaba con escenas argentinas.
La muestra tambien incluye la presencia de pintores hispanos que vinieron a nuestro pais, como Julio Romero de Torres, Dario de Regoyos, Fernando Alvarez de Sotomayor, Mariano Fortuny y Ramon de Zubiaurre. Ese cruce evita una lectura simple de "influencia europea" sobre artistas locales. Hubo circulacion en ambos sentidos, exhibiciones, visitas, contactos, intereses compartidos.
El tramo final llega a la decada de 1920, cuando nuevas generaciones como Antonio Berni y Norah Borges empezaban a renovar su lenguaje visual en contacto con las vanguardias europeas. Tambien aparece la Exposicion Iberoamericana de Sevilla de 1929, donde Argentina monto un pabellon que intentaba unir herencia europea y raiz americana.
Esta muestra importa porque recuerda que el arte argentino moderno no nacio puro ni aislado. Nacio viajado, discutido, copiado, corregido, traducido. A veces un pais se mira mejor cuando se ve reflejado en una sala lejana.
Imagen: fotografia oficial de la inauguracion de la muestra, Museo Nacional de Bellas Artes / Secretaria de Cultura.
Fuente original: Museo Nacional de Bellas Artes