Royal Botanic Gardens, Kew presentó el 8 de enero de 2026 su selección de especies vegetales y fúngicas nombradas por sus científicos y colaboradores durante 2025. La lista mezcla belleza, rareza y urgencia: incluye un hongo que parasita arañas de trampilla en Brasil, una orquídea ecuatoriana con un labelo que parece manchado de sangre, una flor peruana bautizada por un personaje de Studio Ghibli y un árbol camerunés calculado en cinco toneladas.
El dato más fuerte es cuantitativo: Kew registró 190 nuevos taxones en 2025, entre ellos 175 especies, una subespecie, 13 géneros y una familia. La institución detalla que sus taxónomos y socios nombraron 125 plantas y 65 hongos, mientras recuerda una estimación inquietante de su informe "State of the World's Plants and Fungi 2023": hasta tres de cada cuatro plantas no descritas ya podrían estar amenazadas.
Un hongo brasileño que usa la araña como torre
El caso más cinematográfico de la lista es "Purpureocillium atlanticum", un hongo entomopatógeno recolectado en noviembre de 2022 en la Mata Atlántica de Brasil. Infecta arañas de trampilla enterradas en sus madrigueras, cubre el cuerpo con micelio blanco y algodonoso, y produce un cuerpo fructífero de hasta dos centímetros que sale por la entrada de la trampa para liberar esporas.
Kew destaca que el estudio usó secuenciación portátil Oxford Nanopore para leer el genoma casi en tiempo real en el campo, con infraestructura mínima. Ese detalle es crucial: la taxonomía actual ya no depende solo de lupa, herbario y comparación morfológica. También incorpora genomas, microbiomas asociados y tecnología capaz de acelerar identificaciones en lugares donde llevar una muestra a un gran laboratorio puede demorar o degradar información.
La orquídea que imita insectos en Cotopaxi
"Telipogon cruentilabrum" fue descrita en los bosques altoandinos de Cotopaxi, Ecuador. Su nombre alude al labio floral con aspecto de mancha roja. La planta crece como epífita, es decir, sobre otros vegetales sin parasitarlos, en este caso sobre árboles margarita, entre 1,5 y 3 metros sobre el suelo. Sus flores amarillas con venas rojas pueden alcanzar 3,8 centímetros de ancho.
El mecanismo reproductivo es una pieza de teatro biológico: como otras especies de "Telipogon", sus flores imitan hembras de mosca para atraer machos que intentan copular y, al hacerlo, trasladan polen. Kew señala que más de la mitad de su hábitat ya fue despejado y que la especie fue evaluada informalmente como En Peligro. También recuerda que hay unas 250 especies conocidas de "Telipogon" en América del Sur, América Central y el Caribe.
Plantas bautizadas por películas y piedras vivas
La lista no se queda en lo macabro. "Aphelandra calciferi", un arbusto peruano de tres metros, recibió su nombre por Calcifer, el demonio de fuego de "Howl's Moving Castle", la película de Hayao Miyazaki estrenada en 2004. La asociación viene de sus flores anaranjadas y amarillas, con aspecto de llama. Kew indica que podría tener potencial ornamental en conservatorios.
Otro caso es "Lithops gracilidelineata" subsp. "mopane", una nueva subespecie de las llamadas piedras vivas. Los lithops son suculentas que parecen guijarros y poseen un par de hojas con una ventana superior por donde entra luz hacia superficies fotosintéticas internas. Las 38 especies conocidas se restringen a regiones áridas de Namibia y Sudáfrica, con presencia en Botsuana; la nueva subespecie se diferencia por vivir en un ambiente de mayor lluvia con bosque de mopane.
Nombrar antes de perder
Entre los hallazgos también aparece "Galanthus subalpinus", una campanilla de nieve rastreada hasta pastizales subalpinos del monte Korab, en Macedonia del Norte y Kosovo; "Eugenia venteri", un árbol de Manus Island, Papua Nueva Guinea, cuyos frutos de 40 a 50 milímetros fueron descritos con sabor a banana, guayaba y un final de eucalipto; y "Plagiosiphon intermedium", una leguminosa de hasta 34 metros de altura y 66 centímetros de diámetro de tronco, conocida solo en dos sitios de Ngovayang, Camerun.
El inventario funciona como catálogo de maravillas, pero también como advertencia técnica. Una especie sin nombre científico es difícil de proteger, monitorear, cultivar, secuenciar, incluir en áreas importantes para plantas o conservar en bancos de semillas. Kew menciona estrategias in situ, en el hábitat, y ex situ, como el Millennium Seed Bank de Wakehurst, que cumplió 25 años en 2025.
La rareza de estas especies no alcanza por sí sola. Lo importante es que cada nombre convierte una presencia local en dato compartible: un hongo de Brasil, una orquídea de Cotopaxi, una flor peruana, un árbol de Camerun. La taxonomía parece lenta hasta que se la mira contra el reloj de la pérdida biológica. Entonces nombrar deja de ser un gesto académico y se vuelve una forma mínima de rescate.
Imagen: "Purpureocillium atlanticum" emergiendo de una araña de trampilla en la Mata Atlántica de Brasil, fotografía acreditada por Kew a Joao Paulo Machado De Araujo.
Fuente original: Royal Botanic Gardens, Kew
