Una escultura antigua puede parecer quieta hasta que alguien se detiene frente a ella. Entonces el mármol, el gesto y el volumen empiezan a trabajar de otra manera. "Inercia. Escultura en la Colección del Palais de Glace" parte de esa paradoja: piezas inmóviles que, aun así, conservan una energía física.
La muestra reúne 14 obras históricas de la colección del Palais de Glace, premiadas en distintas ediciones del Salón Nacional de Artes Visuales. Se exhibe en las salas y galerías del Patio de la Procuraduría del Complejo Histórico Cultural Manzana de las Luces, en Perú 222, con entrada libre y gratuita.
El movimiento detenido
El núcleo de la exposición está en la escultura figurativa argentina producida principalmente entre las décadas de 1920 y 1950. En ese período, el volumen tuvo una presencia decisiva: cuerpos, rostros, tensiones musculares, gestos y superficies buscaban capturar un instante sin disolverlo.
Entre los artistas presentes aparecen José de Luca, Alfredo Fermín Sturla, Nicasio Fernández Mar, Arturo Dresco, José Lorenzo Llense, Miguel Ángel Budini, Martha Llansó de Saggese, Sepuccio Tidone, Selva Vega y Arturo Álvarez Lomba. Son nombres que permiten mirar una tradición escultórica argentina menos visitada por el gran público que la pintura o la fotografía, pero fundamental para entender cómo el arte nacional pensó el cuerpo y la materia.
Patrimonio fuera de vitrina
La elección del espacio también importa. La Manzana de las Luces no es una caja blanca neutral. Sus patios, galerías y salas agregan una capa histórica a las obras. La piedra dialoga con la arquitectura, y la arquitectura vuelve más visible el paso del tiempo.
Cristina Santa Cruz, directora del Palais de Glace, definió la muestra como un acto de reconocimiento hacia las obras, sus autores y la escultura entendida como afirmación duradera. Esa idea resume bien el sentido del recorrido: volver a mirar piezas que no necesitan moverse para seguir actuando sobre quien las observa.
"Inercia" funciona además como una corrección de ritmo. En un presente lleno de imágenes rápidas, la escultura exige otra relación corporal: rodear, acercarse, cambiar de ángulo, ver cómo la luz modifica una superficie. No se consume de frente y en segundos. Pide una atención más lenta.
La rareza es que la materia parece resistir y respirar al mismo tiempo. Ese oxímoron, el de algo quieto que todavía empuja, le da a la muestra su fuerza. La piedra no está dormida. Solo espera que alguien vuelva a mirarla.
También hay una recuperación institucional importante. Muchas de estas obras nacieron dentro de la historia del Salón Nacional de Artes Visuales, un certamen que durante décadas ordenó prestigios, discusiones y carreras artísticas en Argentina. Reunir piezas premiadas permite ver qué valores se reconocían en cada época: dominio técnico, presencia anatómica, dramatismo, equilibrio, monumentalidad o capacidad expresiva.
Vista así, "Inercia" no es solamente una muestra de esculturas bellas. Es una manera de abrir una conversación sobre cómo se construyó el canon artístico argentino y qué obras quedaron esperando una nueva lectura. La piedra pesa, pero la historia también.
Fuente original: Argentina.gob.ar