La Salamanca inauguro en el Palacio Libertad el ciclo Mitos y leyendas de Argentina, una propuesta que lleva relatos populares al lenguaje de la danza-teatro contemporanea. La obra, con musica original de Damian Mahler y direccion de Daniel Fernandez, parte de una figura que atraviesa buena parte del imaginario del norte argentino: la cueva, el pacto, Mandinga, el don pedido a cambio de algo que nadie termina de pagar del todo.
La Secretaria de Cultura presento la pieza como una mirada federal sobre el patrimonio narrativo nacional. La palabra "patrimonio" suele sonar tranquila, pero La Salamanca no lo es. Es un mito inquieto. En algunas versiones, la cueva es escuela de musica o brujeria; en otras, es lugar de tentacion, castigo, aprendizaje oscuro o negociacion con fuerzas que no conviene nombrar demasiado. Como todo mito vivo, cambia segun quien lo cuente.
En esta version, el conflicto se arma alrededor de Luzmila y Lucas, con un pacto que busca cumplir deseos y termina revelando secretos. La puesta suma coreografia, ballet folklorico, actores y musica. Lo interesante es que no intenta congelar la leyenda como pieza de museo rural. La vuelve teatro, cuerpo, escena. Hace que el relato vuelva a circular de una manera nueva.
En Un Mundo Loco, La Salamanca tiene un valor especial porque muestra que las curiosidades argentinas no estan solamente en laboratorios, archivos o objetos antiguos. Tambien estan en las historias que pasan de boca en boca y se transforman sin pedir permiso. Un pais se entiende mucho por sus mitos: donde pone el miedo, que deseos castiga, que talentos sospecha, que pactos imagina.
El ciclo incluyo ademas un conversatorio sobre la leyenda, apoyado en la coleccion Cuentos y Leyendas Populares de la Argentina de Berta Vidal de Battini. Ese detalle importa. La leyenda popular no es un adorno escolar; es material de investigacion, de memoria oral y de identidad regional. En un tiempo donde casi todo parece pedir formato corto y consumo rapido, volver a una leyenda extensa, contradictoria y oscura es casi un acto de resistencia.
La Salamanca tambien dialoga con el presente porque habla de ambicion. Pedir un don, querer una habilidad extraordinaria, hacer un trato para salir del destino ordinario: todo eso suena antiguo y actual a la vez. Cambian las cuevas, cambian los intermediarios, pero la fantasia de negociar con una fuerza superior para ganar talento sigue ahi.
La obra ya tuvo sus funciones de abril, pero la noticia queda como senal de algo mas grande: hay un archivo fantastico argentino esperando nuevas formas. Lobizon, luz mala, almamula, difunta, salamanca. No son piezas muertas. Son tecnologias narrativas para hablar del deseo, del miedo y del precio de querer demasiado.
Imagen: fotografia oficial del ensayo general de La Salamanca, Secretaria de Cultura.
Fuente original: Secretaría de Cultura