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Salgado llegó a Serra Pelada en 1986. Había 50 mil hombres en un pozo. Salió con las fotos que definen el siglo.

Salgado llegó a Serra Pelada en 1986. Había 50 mil hombres en un pozo. Salió con las fotos que definen el siglo.
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En 1986, Sebastião Salgado llegó a Serra Pelada, una mina de oro a cielo abierto en el estado de Pará, Brasil. Lo que encontró no parecía del siglo XX: cincuenta mil hombres cubiertos de barro trepaban y bajaban laderas de arcilla cargando bolsas de tierra en la espalda, dentro de un pozo de más de 200 metros de profundidad excavado por manos humanas. Salgado fotografió la escena en blanco y negro con su Leica. Las imágenes resultantes se convirtieron en algunas de las más reproducidas del fotoperiodismo del siglo XX.

Lo que hace a esas fotos extraordinarias no es solo la escala. Es que Salgado llegó a Serra Pelada en el momento exacto en que la era de la minería artesanal individual estaba terminando. En pocos meses, el gobierno brasileño cerraría el acceso a los garimpeiros independientes. El pozo que Salgado fotografió ya no existiría como lo había conocido.

El origen de Serra Pelada

La historia de la mina empieza en diciembre de 1979, cuando un agricultor encontró pepitas de oro en una propiedad del estado de Pará. La noticia se extendió con una velocidad que el gobierno del general João Figueiredo no pudo controlar. En semanas, miles de garimpeiros —mineros artesanales independientes— llegaron a la región. A mediados de la década del 80, la mina empleaba entre 80.000 y 100.000 personas en sus momentos de mayor actividad.

El gobierno militarizó la zona y confió su administración a un coronel conocido como "Curió" (Sebastião Rodrigues de Moura), quien instaló un campamento con reglas propias: prohibición de mujeres, alcohol y armas de fuego. Lo que no prohibió fue la violencia que surge de la desesperanza. Serra Pelada producía oro en cantidades industriales y pagaba salarios miserables a la mayoría de sus trabajadores.

La formación de Salgado: del doctorado a la cámara

Salgado no llegó al fotoperiodismo por el camino habitual. Nacido en 1944 en Aimorés, Minas Gerais, se licenció en economía en la Universidad de São Paulo y obtuvo un doctorado en la Universidad de París. Trabajó para la Organización Internacional del Trabajo (OIT) en Londres como economista. Fue durante un viaje de campo en África, con una cámara prestada, que descubrió la fotografía como forma de pensar.

En 1973 dejó la economía para convertirse en fotógrafo profesional. En 1979, el año en que se descubrió Serra Pelada, ingresó a Magnum Photos, la cooperativa de fotógrafos fundada por Henri Cartier-Bresson y Robert Capa en 1947. En 1994 la abandonó para fundar Amazonas Images junto a su esposa Lélia Deluiz Wanick Salgado, que diseña todos sus libros y exposiciones.

Por qué Serra Pelada encajó en el proyecto Trabajadores

Las fotos de Serra Pelada forman parte de Workers: An Archaeology of the Industrial Age (Trabalhadores), un proyecto que Salgado desarrolló entre 1986 y 1992. En ese período documentó 40 sectores del trabajo manual en todo el mundo: pescadores de mar abierto en Bretaña, obreros del acero en Ucrania, recolectores de caña de azúcar en Cuba, cultivadores de café en Guatemala y Ethiopia.

La premisa del proyecto era explícita: Salgado quería documentar el trabajo humano a escala industrial antes de que la automatización y la globalización lo transformaran para siempre. El libro resultante, publicado en 1993, se convirtió en uno de los libros de fotografía más vendidos de la década.

Las imágenes de Serra Pelada son el corazón del proyecto. La escala del pozo, los cuerpos cubiertos de barro, las escaleras de madera improvisadas y la densidad de cuerpos apilados en los bordes del abismo evocan directamente los grabados de Gustave Doré para la Divina Comedia de Dante. Salgado lo dijo en varias entrevistas: Serra Pelada parecía el infierno del siglo XX.

La película y el legado

En 2014, el documental La sal de la tierra (The Salt of the Earth), dirigido por Wim Wenders y el hijo de Salgado, Juliano Ribeiro Salgado, reconstruyó su trayectoria y ganó el Premio del Jurado en Cannes y una nominación al Oscar como mejor documental.

En paralelo a su carrera fotográfica, Salgado desarrolló el Instituto Terra, una organización dedicada a la reforestación del bioma de la Mata Atlántica en Minas Gerais. En la hacienda familiar donde creció, que estaba completamente deforestada cuando la recuperó a fines de los años 90, plantó más de dos millones y medio de árboles de más de 290 especies nativas. La hacienda fue declarada área de protección ambiental por el gobierno de Brasil.

El blanco y negro como decisión política

Salgado disparó toda su obra en blanco y negro hasta mediados de los 2000. La elección no es solo estética: para él, el color distrae de la estructura y de las caras. El blanco y negro fuerza al espectador a mirar la forma, la luz y la expresión antes que la textura del ambiente.

Sus detractores señalan que esa misma decisión puede "estetizar" el sufrimiento: volver hermoso lo que debería ser perturbador. Es una crítica legítima. El propio Salgado la tomó en serio: su libro Génesis (2013), dedicado a paisajes naturales prístinos y poblaciones sin contacto con el mundo industrializado, llevó ese debate a otro nivel. Ya no era solo si el sufrimiento puede ser bello. Era si la naturaleza puede ser solo hermosa.


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Imagen: Vista aérea de la mina de Serra Pelada en el estado de Pará, Brasil. Wikimedia Commons.

Fuente original: ICP — Sebastião Salgado

Fuente: ICP / Instituto Terra / Wikipedia

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