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El jardinero que no sabía nada de plantas y terminó haciendo el jardín más extraordinario del mundo

El jardinero que no sabía nada de plantas y terminó haciendo el jardín más extraordinario del mundo

En 1984, Pearl Fryar se mudó con su familia a Bishopville, Carolina del Sur. El vecindario era blanco y un vecino le dijo, con toda claridad, que no creía que una familia negra fuera a cuidar bien su propiedad. Pearl Fryar decidió que iba a ganar el premio al Jardín del Mes del condado.

El problema era que no sabía nada de jardines.

El comienzo

Fryar empezó yendo al vivero local y pidiendo las plantas que iban a tirar — las que sobraban, las que nadie quería, las que parecían muertas o medio muertas. Se las llevaba gratis. Empezó a podarlas.

No tenía formación en botánica ni en arte. No había estudiado topiary — la técnica de dar formas geométricas o figurativas a arbustos y árboles. Simplemente empezó a cortar, viendo qué pasaba.

Ganó el premio al Jardín del Mes. Y no paró.

El jardín

Cuarenta años después, el jardín de Fryar tiene tres acres de plantas podadas en formas que parecen esculturas abstractas: espirales que se entrecruzan, conos perfectos sobre tallos finos, formas que se doblan sobre sí mismas de maneras que parecen imposibles para algo vivo.

No hay un plano. No hay diseño previo. Fryar trabaja directamente con la planta, viendo la forma que tiene la posibilidad de ser y trabajando hacia ella. Pasea por el jardín con una motosierra y tijeras de poda, tomando decisiones en tiempo real.

Algunas de sus plantas tardan años en lograr la forma que quiere. Trabaja en ellas como si fueran esculturas de material lento.

Lo que llamó la atención del mundo del arte

En 2006, el documental A Man Named Pearl mostró su trabajo al mundo fuera de Carolina del Sur. Museos, galerías y críticos de arte empezaron a visitarlo. El Smithsonian lo incluyó entre los artistas de arte popular (folk art) más importantes de Estados Unidos.

La gente lo comparó con Picasso — no por el estilo sino por el principio: tomar algo cotidiano y verlo de una manera que nadie había visto antes. Picasso no inventó el cubismo porque estudió composición durante años; lo vio porque miraba diferente. Fryar hace lo mismo con tijeras y arbustos.

El mensaje que escribe en las plantas

Por todo el jardín hay frases podadas directamente en los arbustos o escritas en carteles entre las plantas: "Love. Peace. Goodwill." Fryar no separa el arte del mensaje. El jardín es una declaración de lo que cree: que la belleza no requiere educación formal, que el amor hacia algo es suficiente para crear algo extraordinario.

Dice que nunca tuvo miedo de matar una planta porque si la planta iba a morir de todos modos, lo único que podía hacer era trabajar con lo que quedaba y ver qué aparecía.

El jardín hoy

El jardín es gratuito y abierto al público. Fryar sigue viviendo ahí y sigue podando. Tiene más de 80 años.

No vendió la propiedad. No aceptó que lo mudaran a un lugar más grande. El jardín es ese, en esa calle de Bishopville donde un vecino le dijo que no iba a cuidarlo.

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Fuente original: Un Mundo Loco

Fuentes consultadas: Smithsonian Magazine — Pearl Fryar · [A Man Named Pearl (documental, 2006)]

Fuente: Smithsonian Magazine

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