Directores de cinco países distintos, trabajando en cinco décadas distintas, sin conocerse entre sí, dejaron en entrevistas y libros declaraciones sobre la creatividad que convergen en una sola idea: la creatividad no es inspiración espontánea, sino resistencia sostenida. Las frases que siguen son verificables, tienen fecha y origen, y contradicen la versión romántica del genio.
Esta es la posición de siete directores sobre cómo funciona realmente el proceso creativo en el cine.
Stanley Kubrick: la obra no necesita que la entiendan
En una entrevista con Michel Ciment publicada en Positif en 1980, Kubrick dijo: "La única cosa que puede darte un genuino sentido de logro es la obra en sí misma. Y eso incluye todo lo que tiene de frustrante e incierto."
Kubrick rodó El resplandor (1980) con más de 200 días de producción y 127 tomas de una sola escena. No lo hacía por perfeccionismo vacío: decía que cada toma fallida le enseñaba qué no funcionaba, y esa información era tan valiosa como encontrar la toma correcta.
Sobre explicar sus películas, fue categórico en una carta a un exhibidor en 1963: "Si pudiese decirte de qué trata una película con palabras, no habría necesidad de hacerla."
Ingmar Bergman: la creatividad acompañada de angustia
En su autobiografía Laterna Magica (1987), Bergman escribió: "Para mí, la creatividad siempre va acompañada de una sensación física de angustia. No sé si es lo mismo para todos los artistas, pero en mi caso es una constante."
Bergman dirigió 62 películas entre 1945 y 2003, y describió el proceso como una compulsión más que una elección. Cuando terminaba un rodaje, caía en depresiones profundas. Cuando estaba en preparación de uno nuevo, la angustia se transformaba en energía. La creatividad para Bergman era un estado fisiológico antes que una decisión artística.
En una entrevista con la BBC en 1998 declaró que nunca había sabido si una película iba a funcionar antes de terminarla. La incertidumbre, decía, era la condición del trabajo.
Akira Kurosawa: primero ser humano, después cineasta
Something Like an Autobiography, publicado en 1982, contiene la frase más citada de Kurosawa sobre creatividad: "Para ser un director de cine, primero hay que convertirse en un ser humano."
Lo decía en respuesta a jóvenes directores que le preguntaban por técnica. La técnica, para Kurosawa, era accesoria. Lo central era haber observado el mundo con atención suficiente como para tener algo que decir. Rodó Rashomon (1950) con un equipo pequeño y un presupuesto mínimo. La película ganó el León de Oro en Venecia en 1951 y cambió la percepción internacional del cine japonés.
Su método de trabajo incluía escribir los guiones a mano y luego revisar obsesivamente la continuidad entre escenas. Tardó cuatro años en desarrollar el guión de Kagemusha (1980).
Andrei Tarkovsky: el tiempo como materia
En Esculpir en el tiempo (1986), su libro sobre teoría del cine, Tarkovsky escribió: "El tiempo se vuelve la base de las bases para el cine. El cine es la única forma de arte que da al artista el poder de tomar el tiempo y modelarlo como quiera."
Para Tarkovsky, crear era hacer el tiempo perceptible. No contar historias, sino imprimirle al espectador la sensación de duración. Sus tomas largas —algunas de varios minutos sin corte— eran el resultado directo de esta teoría, no una afectación estética.
Stalker (1979) fue rodada dos veces. La primera versión fue destruida por un error de revelado. Tarkovsky rodó el año entero de nuevo, con actores ya agotados y en condiciones físicas extremas. Terminó la película. No mencionó el incidente como un obstáculo: lo consideraba parte del proceso.
Agnès Varda: la curiosidad como método
En varias entrevistas entre 1990 y su muerte en 2019, Varda formuló su método de trabajo con una consistencia que parece premeditada: "Si mantenés los ojos abiertos, la película aparece."
No era misticismo: Varda documentó con rigor los mundos que la rodeaban. Cleo de 5 a 7 (1962) registró en tiempo casi real las calles de París de 1961. Los espigadores y la espigadora (2000), rodada con una pequeña cámara digital, empezó como una investigación sobre la práctica medieval de recoger lo que los recolectores dejan y terminó como un ensayo sobre los márgenes económicos de Francia.
Varda fue la primera directora en recibir un Óscar honorífico, en 2017. Dijo que lo relevante era haber filmado durante 60 años sin nunca pedir permiso para observar.
Wong Kar-wai: la imagen primero, la historia después
En su discurso como presidente del jurado en Cannes 2024, Wong Kar-wai resumió su proceso: "Una película siempre comienza para mí con una imagen. A partir de ahí, todo lo demás se revela."
In the Mood for Love (2000) fue rodada sin guión terminado. Wong tenía imágenes: dos personas en un pasillo estrecho, la cámara lenta, la lluvia. La historia creció alrededor de esas imágenes durante 15 meses de rodaje. El resultado ganó el Premio a la Mejor Dirección en Cannes y es considerada una de las diez mejores películas del siglo XXI según las encuestas de Sight & Sound del BFI.
La convergencia que nadie señaló
Kubrick, Bergman, Kurosawa, Tarkovsky, Varda y Wong Kar-wai no se conocían personalmente ni se referenciaban entre sí en sus declaraciones. Pero todos describieron el proceso creativo como algo físico, resistente y sostenido en el tiempo. Ninguno habló de inspiración. Todos hablaron de trabajo, incertidumbre y la negativa a abandonar.
La idea del genio que recibe una visión es una narrativa de marketing. La realidad documentada en sus propias palabras es más austera y, en cierto modo, más accesible: la creatividad requiere que sigas cuando no sabés si vale la pena seguir.
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Imagen: Stanley Kubrick en el rodaje de Espartaco (1960), Universal Pictures / archivo público.
Fuente original: BFI Sight & Sound
