En enero de 2006, el Festival de Cannes anunció que Wong Kar-wai sería el presidente del jurado de la 59ª edición. Era la primera vez en la historia del festival que un director chino ocupaba ese cargo. Cuando le preguntaron qué esperaba de su rol, Wong respondió con un proverbio que no era de Hollywood ni de la tradición cinéfila europea: "Nunca se puede predecir de dónde vendrá el viento, pero siempre hay que dejar las ventanas abiertas."
Esa frase no era decorativa. Era una declaración de método.
El hombre que filma sin saber el final
Wong Kar-wai tiene una forma de trabajar que produce ansiedad en los productores y admiración en casi todo el resto. No escribe guiones completos antes de rodar. Llega al set, observa la luz, el espacio, los actores, y esa tarde escribe lo que se filmará al día siguiente.
Chungking Express (1994) se rodó en 23 días. La segunda historia, con Tony Leung, en solo diez. Los actores recibían una página de texto la mañana de cada jornada. El resto lo improvisaban. "No sabía qué pasaría mañana, pero sabía qué había pasado hoy. Después de terminar un día de rodaje, recién entonces sabía qué vendría después", explicó el director en varias entrevistas.
Para In the Mood for Love (2000), la película que lo volvió internacionalmente conocido fuera de los festivales, no había guion formal. Maggie Cheung y Tony Leung aprendían sus escenas en el momento. El resultado —dos vecinos que descubren que sus parejas se están viendo, y que no saben bien qué hacer con esa información— ganó el Premio del Jurado en Cannes ese mismo año y convirtió a Wong en uno de los directores más influyentes de las dos décadas siguientes.
Cannes 2006: el primer chino al frente del jurado
El 17 de mayo de 2006, cuando arrancó la edición 59 del festival, Wong Kar-wai se sentó a la cabeza de un jurado que incluía a Monica Bellucci, Helena Bonham Carter, Samuel L. Jackson, la directora argentina Lucrecia Martel, Tim Roth y Zhang Ziyi. Era un jurado con presencias del cine de autor, del cine popular de Hollywood y del cine de festivales latinoamericano y asiático simultáneamente.
Gilles Jacob, presidente del festival, describió el cine de Wong como "una obra distinguida por su esplendor visual y su nostalgia romántica". Eso era cierto, pero no explicaba por qué alguien que nunca había trabajado con guion cerrado era la persona indicada para juzgar las películas de otros directores.
La respuesta de Wong fue la ventana abierta: el jurado, como sus películas, tenía que estar dispuesto a recibir lo inesperado.
La Palma de Oro que nadie había anticipado
La decisión del jurado de ese año fue polémica. El festival terminó el 28 de mayo de 2006, y la Palma de Oro fue para The Wind That Shakes the Barley, del director británico Ken Loach. La película narraba la guerra de independencia irlandesa de los años 1920 y era, en términos de estética, exactamente lo opuesto al cine de Wong Kar-wai: realismo social sin ornamentos, sin música melancólica de los años 60, sin cámaras lentas sobre tazas de café.
Fue la primera Palma de Oro de Loach, que tenía 69 años en ese momento y llevaba décadas haciendo cine político de bajo presupuesto en el Reino Unido. Ese año tampoco ganó ninguna película, actor, actriz ni director estadounidense —la primera vez en tres años que eso ocurría en Cannes.
Que Wong Kar-wai, el director más asociado a la belleza formal y al romance contenido, eligiera premiar una película de combate irlandés filmada en digital, decía algo sobre la apertura que él mismo había proclamado al aceptar el cargo.
La huella fuera de Hong Kong
Happy Together (1997), filmada en Buenos Aires —Wong llevó a Tony Leung y Leslie Cheung a Argentina sin un guion terminado, a rodar sobre la marcha en hoteles baratos del barrio de San Telmo—, le valió el premio al Mejor Director en Cannes. Fue su primer reconocimiento mayor en el festival.
In the Mood for Love lo consagró. Y 2046 (2004), con la que estuvo cinco años trabajando, lo confirmó como alguien para quien el tiempo de producción es parte del proceso creativo, no una señal de descontrol.
Su influencia cruzó géneros y continentes. Quentin Tarantino citó Chungking Express como una inspiración directa para Pulp Fiction. Sofia Coppola agradeció a Wong Kar-wai en su discurso de aceptación del Oscar por Lost in Translation (2004). Barry Jenkins, director de Moonlight, describió el uso del color y la cámara en cámara lenta de Wong como una referencia constante.
Esa cadena de influencias es parte de lo que convirtió el cargo de presidente del jurado en Cannes 2006 en algo más que un honor protocolar. Wong no llegó a juzgar películas desde afuera del cine. Llegó desde adentro de una forma de hacer cine que había modificado lo que otros directores consideraban posible.
La ventana que propuso dejar abierta era la suya propia.
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El estilo de Wong Kar-wai —filmar sin guion, construir en el montaje, usar la música como personaje— aparece también en directores que, a primera vista, parecen muy distintos. Stanley Kubrick, que también filmaba decenas de tomas de cada escena sin saber exactamente qué estaba buscando, describió su método como "encontrar la película dentro del material". La improvisación disciplinada tiene más de una forma.
En cuanto a Cannes como institución: el festival también fue el lugar donde el cine iraní —otra tradición que produce obras mayores con recursos mínimos— se volvió visible para el mundo. Por qué el cine iraní es tan bueno tiene que ver, en parte, con las mismas restricciones que obligan a inventar.
Imagen: Wong Kar-wai en el Festival de Cine de Berlín, 2013. Foto: Nicolas Genin / Wikimedia Commons (CC BY-SA 2.0)
Fuente original: Festival de Cannes — Wong Kar Wai, presidente del jurado 2006