La historia empieza como empiezan muchas buenas historias de archivo: con un baul que alguien podria haber tirado. Adentro habia rollos de nitrato, material delicado, inflamable, envejecido, lleno de posibilidades y peligros. Entre esas piezas aparecio una copia de **Gugusse and the Automaton**, una pelicula de Georges Melies de alrededor de 1897 que se creia perdida como imagen visible.
Smithsonian cuenta que el hallazgo lo llevo Bill McFarland, un maestro jubilado de Grand Rapids, al National Audio-Visual Conservation Center de la Biblioteca del Congreso de Estados Unidos. Los rollos habian pertenecido a su bisabuelo, William Delisle Frisbee, agricultor, docente y proyeccionista ambulante que viajaba con peliculas, diapositivas, proyector y fonografo para montar funciones en iglesias, escuelas y auditorios.
El detalle que convierte la anécdota en oro cinematografico es el robot. La pelicula, de apenas 45 segundos, muestra a un mago frente a un humanoide mecanico llamado Pierrot Automate. Se la considera la primera aparicion de un robot en pantalla, anterior incluso al uso popular de la palabra "robot". Es decir: el cine ya estaba imaginando cuerpos artificiales antes de tener un vocabulario estable para nombrarlos.
En Un Mundo Loco, lo hermoso es que el futuro aparezca dentro de un baul viejo. La ciencia ficcion, que suele mirar hacia adelante, tambien depende de alguien que se agache sobre material fragil y decida no rendirse. Sin archivistas, conservadores y tecnicos, una parte del porvenir imaginado por el pasado se vuelve polvo.
Melies era mago antes de ser cineasta, y eso se nota. Sus efectos no nacieron de computadoras sino de trucos de escena, cortes, sustituciones, perspectivas forzadas y una paciencia de ilusionista. En **Gugusse and the Automaton**, el golpe de un mazo y una transformacion visual bastan para recordar que el cine, desde muy temprano, quiso hacer aparecer lo imposible.
La copia encontrada no era el original perfecto, sino una pieza con historia propia, varias veces alejada de la fuente inicial. Eso tambien importa. El cine primitivo circulaba, se copiaba, se proyectaba en lugares pequenos y se gastaba con el uso. La experiencia colectiva no estaba en salas impecables, sino en rutas, baules, pueblos, linternas y sabanas improvisadas.
La Biblioteca del Congreso escaneo y digitalizo el material, permitiendo que esa miniatura perdida vuelva a verse en alta calidad. Una pelicula de menos de un minuto recupera asi un lugar enorme: prueba que el cine penso maquinas, dobles artificiales y trucos corporales casi desde su nacimiento.
El hallazgo deja una imagen perfecta: el primer robot del cine no volvio desde el futuro, volvio desde un baul familiar. Y eso, en materia de archivo, es casi una forma de resurreccion.
Imagen: fotograma de Gugusse and the Automaton, difundido por Smithsonian / National Audio-Visual Conservation Center.
Fuente original: Smithsonian Smart News